A veces, los virus comunican. Nos infectan de imágenes.

Dicen que viralizar es entretener, divertir, crear expectativas… Si el contenido no nos sorprende, no nos hace pensar en que puede gustar a nuestros “amigos” digitales…, no hablaremos de él, no lo recomendaremos y se convertirá en ruido.

El ruido también comunica. Dice que somos molestos.

Las redes sociales no son importantes. Son importantes sus usuarios. Ellos son los que realmente contruyen una comunidad. Si ellos no hablan de nosotros, no nos convertimos en virus.
¿Dónde está la clave de nuestra viralidad? Probablemente, escondida en la idea más vieja del mundo: lo importante es lo que contamos que somos. Perdón, cómo contamos lo que contamos que somos.

Y, claro, cómo contamos lo que somos forma parte de lo que somos.

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