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Esa manía que tiene Wom en juntar lo dulce con lo salado, ese empeño por mezclar churras con merinas o ir de corto a las bodas de noche (estamos muy locos, somos muy de vivir en la cresta de la ola). Esta es la razón que nos ha llevado a crear un espacio lúdico donde los padres que lo necesiten puedan dejar a sus hijos al cuidado de profesionales durante una semana y sin ningún coste (para ser sinceros, deben aportar una cantidad simbólica que traiga consigo cierta formalidad).

Vaya, unas Colonias Urbanas, de toda la vida. Hasta ahí no hemos inventado la penicilina. Ni tampoco lo habremos hecho cuando termines de leer. Pero es que no hace falta inventar algo nuevo para sentir que, de alguna y humilde forma, has contribuido a poner en marcha un proyecto que traspasa una barrera, la que sea. En este caso, es la barrera social.

Quien acoge las Colonias es un Centro Comercial para el que trabajamos como departamento de marketing. Cuando alguien dijo en Wom: “¿y si proponemos al Centro Comercial que regale unas Colonias Urbanas a los chavales?”, nadie se imaginó que ahora tendríamos a 50 niños esperando a pasarlo bien y a 100 padres agradecidos de que un Centro Comercial mire por ellos.

Un Centro Comercial que colabora con la sociedad. Probablemente no sea el proyecto más espectacular, ni el de mayor presupuesto, ni el más creativo. Quizá sea el más humilde de toda la historia de Wom y por eso merece un post. Por eso y porque nos pone locos de contentos emocionarnos con trabajos como este, que son lo que son; para nosotros, ENORMES.