Me llamo A. P. y soy una chica Wom.

Era Navidad cuando abordé a J. B. en plena plaza del Pilar, tenía que aprovechar la bondad que inspiran los Papá Noeles. Le conté que tenía ganas de trabajar y que El Señor Wom me flipaba. Pasaron un montón de días en los que no obtuve respuesta. Parecía que todo iba a quedarse ahí, sin embargo, algo me decía que tarde o temprano acabaría formando parte del equipo.

Por fin sucedió, me invitaron a conocer a El Señor Wom. Me recibieron dos tipos muy elegantes, seguridad por todas partes, lujosas instalaciones… Ah no! Eso es en Matrix. Aquí nos sentamos alrededor de una mesa y vestían larga melena y camiseta de los Ramones. Pero lo cierto es que salí con la mejor de las impresiones.

“No te ofrecemos un trabajo, te animamos a vivir una experiencia”, dijo el fan de Johnny Ramone.

Dí un sí como una catedral de grande, y después de los 347 castings, pruebas físicas y psicológicas, actualizar mi informe médico y mi ficha policial, El Señor Wom me recibió en su casa con los brazos abiertos.

Había proyectos de todo tipo, cada uno de su padre y de su madre (si os revelase más información tendría que mataros). Era el momento de explotar, derramar creatividad, volcar todo aquello que había cosechado durante cinco años de carrera. Había sido oficialmente invitada a las más eclécticas, frenéticas e IMPRESIONANTES misiones existidas en el mundo de la Comunicación.

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¡Que empiece la lluvia de ideas!