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Los primeros días eran estupendos, esos en los que estás de estreno y no te cuesta ni madrugar, pero la cosa no tardó mucho en ponerse seria.

Mi primera misión fue organizar una fiesta californiana. Un evento importante para un cliente importante; aunque para mí, lo único importante era que acababa de entrar en una empresa en la que mis ideas contaban, tenía responsabilidades y el proyecto no me podía gustar más.

Tenía que organizar una fiesta atractiva, divertida, a la que acudiría muchísima gente, con los mejores proveedores, ¡y con libertad de presupuesto! (ya se encargarían otros de ajustarlo).

A los tres días ya había visto más de mil vídeos en Youtube de estadounidenses emborrachándose en las playas del Golden State, ya había acosado a todo mi entorno con preguntas sobre fiestas californianas y tenía en mi poder un arsenal de imágenes de referencia descargadas de internet. Supongo que el resultado de una mezcla explosiva: las ganas locas que ponemos los principiantes y el miedo a no dar la talla, ese que te lleva a darlo todo como si no hubiese un mañana, y que es tan horrible como inevitable.

Tenía miedo a no ser válida, a no estar preparada, a quedarme atrás. No me importaban las broncas o cometer errores, sino desenamorarme de la comunicación, tener que reconocer que a pesar de quererla nuestra relación no funcionaba.

Pero no me rechazó y seguimos saliendo, aunque con alguna que otra pelea:

La primera vez que oí en Wom la frase “ha habido novedades” activé el modo abrir regalos: saber que tienes que poner buena cara te guste o no y esa emoción del «qué será, qué será, qué será…»

Pero no, no, no, no, no, nada de eso. “Ha habido novedades” significa que un tecodontosaurio entró en la oficina cuando tu no estabas y arrampló con todo lo que llevabas pensado, redactado y maquetado. También conocido como “hay que darle otra vuelta” o “hay que empezar CASI de cero”.

La fiesta pasó a mejor vida, aunque siempre la llevaré en mi corazón y, si algún día me hago rica, montaré una para Wom, mis amigos y yo en la plaza de algún pueblo.

Después de todo el trabajo, ese, mi primer proyecto, mi primer hijito profesional, se fue, pero se llevó con él ese miedo al fracaso que, aunque nunca desaparecerá del todo, ya no es tan grande como antes.