Querido Señor Wom,

Todavía recuerdo aquel día en el que no me ofreciste un trabajo, sino enfrascarme en esta experiencia.

No fue el claim bonito de una campaña engañosa, fue el preludio de un camino de emocionantes primeras veces.

Como sabrás, hasta ahora me acompañaron tus secuaces. Me entendieron, me acunaron, me regalaron la esencia de Wom. Me hablaron de comunicar desde las tripas mientras me enseñaron a hacer crecer las ideas, me contaron cómo seducir al incrédulo mientras aprendía el evento desde dentro, me hicieron saber que ser humildes y cuidar lo que hacemos es el mejor escudo para que nuestro trabajo se defienda solo.

Ahora toca caminar sin compañía, pero tranquilo, no defraudaré. Lo haré a pasitos pequeños, midiendo la calidad en actitud y la eficacia en pasión. Con confianza, con firmeza, porque no soy un genio ni hago brillanteces pero soy natural y hago lo que me gusta.

Si alguna vez me ves divagar, no te alarmes, solo estaré esperando a que me arda por dentro para dejar que brote desde mis entrañas y cuando lo haga espero que sientas que ha merecido la pena traerme hasta aquí.

Así que, Señor Wom, pelearé por ti hasta el final de mis ideas.

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