Nos pusimos al frente de la dirección de producción, la logística y la dirección técnica de ambos eventos. En la Romareda, el peso histórico del momento requería una ejecución perfecta: un recinto emblemático a punto de cerrar, miles de fans cargados de emoción y un artista que merecía una despedida a la altura. Cada detalle técnico, cada timing, cada coordinación entre equipos tenía que salir bien. Y salió.
En el WiZink, el reto era diferente pero igual de exigente: uno de los recintos de conciertos más importantes del país, con toda la complejidad logística y técnica que eso conlleva.